El Shugyo del Instituto Niten

 

Los antiguos Samurai realizaban una peregrinación guerrera conocida como Musha-Shugyo. Mediante ella, visitando lugares nuevos, aprendiendo técnicas nuevas, refinaban su arte y su espíritu.
Desde hace décadas, Sensei Jorge Kishikawa y algunos de sus alumnos más avanzados continúan esta tradición realizando regularmente sus propios Shugyo en Japón entrenando con los maestros de las Koryu (escuelas antiguas) y viviendo el verdadero Bushido, para traer a América las técnicas y las enseñanzas del Arte.

No es raro escuchar que Artes como el Kenjutsu o el Iaijutsu son muy difíciles de aprender, que sus Estilos característicos son muy complejos y que para aprender más de uno (como se hace en el Instituto Niten y como hacían muchos Samurai) sería necesario “vivir como un Samurai, entrenar todo el día, vivir en el Dojo, trabajar en él y para él, convivir con el propio Sensei, etc.”.
Justamente eso es el Shugyo del Instituto Niten.


La escuela da la posibilidad a todo alumno que aspire a vivir la dura vida de un verdadero Samurai, a aprender y practicar tanto el Jutsu (la técnica) como el Do (el camino, la filosofía) a, simplemente, hacerlo. De lo que se trata es de vivir el Bushido… y no es fácil.

La jornada comienza invariablemente con entrenamientos a las 6.00 AM (lo que significa levantarse de la cama alrededor de las 5.00 AM) y nunca termina antes de la 1.00 AM. Durante esa jornada de veinte horas se entrena intensivamente: acompañando los entrenamientos regulares en las distintas Unidades de Niten en San Pablo o de las ciudades cercanas; se vive y se entrena en las propias instalaciones de la Administración del Instituto Niten; se alquilan espacios para practicar las disciplinas que los requieran; etc.

No es difícil que dieciseis horas diarias sean de entrenamiento marcial neto, dejando aparte descansos o viajes. Un entrenamiento con un ritmo agotador y con una exigencia mental fatigosa. Todas estas prácticas son supervisadas y dirigidas en todo momento por Sensei Kishikawa y por los Shodan del Instituto, que están siempre presentes y atentos al desarrollo de cada alumno.
Las pocas horas de vigilia restantes son dedicadas a mantener instalaciones y equipos, a colaborar con tareas domésticas, a la jardinería, etc.

La comida es sana, simple y frugal. Esa es una condición. No existen lujos ni comodidades modernas (radio, CD, TV, celulares, etc.) y el cabello debe ser mantenido corto así como la barba afeitada durante todo el período de Shugyo.
Este período de tiempo es voluntario y no tiene límites por parte del Instituto.
Los alumnos que vuelven del Shugyo, invariablemente, muestran las marcas que éste les deja: el estado físico mejorado, el espíritu fuerte y sereno, el carácter seguro y firme, el Bushido a flor de piel… además de un muy notorio avance técnico.

Cabe destacar que el único fin que persigue el Instituto Niten es el facultar a sus alumnos para alcanzar el nivel técnico y el estado espiritual al que se propongan llegar: no se cobra arancel alguno por la realización del Shugyo y el alumno sólo debe solventar sus propios gastos de alimentación. Es más, cuando un alumno de Niten se propone realizar un Shugyo prolongado (seis meses o un año no es un plazo raro y ha habido en Niten Shugyos de hasta cinco años), no sólo se le proporciona alojamiento y comida gratuitos sino que también se pacta una mensualidad que el alumno recibe en concepto de ayuda económica.

Así, el alumno del instituto Niten no tiene más límites para su progreso que los propios, ya que la Institución allana su camino hasta las últimas consecuencias, poniendo a su disposición instalaciones, equipamiento (bogus, iaitos, naginatas para combate y para katas, etc.), recursos humanos altamente calificados y, todo ello, con la única condición de que viva y entrene como un verdadero Samurai.