|
|||
Samurai y Bushido
La historia de los Samurais y el Bushido, el camino del guerrero Samurai Samurai. Una figura que películas americanas de dudosa calidad trataron de mostrar a los occidentales como una especie de superhéroe, un cowboy de kimono y el pelo con cola de caballo, muchas veces confundido con los ninjas. ¿Pero en verdad, quién era él? Pero lo que realmente convirtió ese guerrero en un ser único entre las figuras militares de la historia fue su famoso Código de Honor (Bushido, el Camino del Guerrero), donde el Samurai se proponía a servir a su señor con el máximo de esfuerzo, lealtad, coraje y, si era necesario, seguirlo incluso hasta la muerte. De esos principios básicos derivaban otros diversos, como la búsqueda de la perfección en las artes militares, la preocupación por la reputación personal y principalmente la aceptación de la muerte en cualquier instante, siempre que fuera por una causa justa y honrosa.
Dentro de esa perspectiva, si en una clase guerrera cualquiera la preocupación por el entrenamiento militar era evidente, ¿cómo lo sería para el Samurai? Era por medio de la práctica de las artes marciales que el Samurai no sólo perfeccionaba su técnica, sino también fortalecía su espíritu. Más que acertar un blanco con su flecha o cortar algo con su espada, un Samurai siempre buscaba refinar su espíritu, con la autodisciplina y el autocontrol, para que de esta forma estuviera siempre preparado para las situaciones más adversas. Y fue ese otro lado de las artes marciales la que las salvó de la extinción cuando llegó el final de los Samurais como clase, en 1868, por ocasión de la Restauración Meiji. Dichas artes fueron entendidas por todos como útiles no sólo al servicio de la guerra, sino también para cualquiera que tenga que superar obstáculos en su vida cotidiana, donde se necesite tranquilidad, control, disciplina y confianza. Actualmente la mayoría de estas artes recibe en su nombre la terminación "Do", que significa "Camino". Explicado de manera bastante simple, un camino no es un fin en sí mismo. Nadie anda por un camino simplemente por andar en un camino. Él es el que lleva hacia un determinado punto, un lugar donde se quiere llegar. Igualmente, nadie practica, por ejemplo, el Kendo (Camino de la Espada) para salir cortando gente con perfección, sino que lo hace para obtener ciertos beneficios que ese arte marcial puede proporcionarle física y psicológicamente. |
|||